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25 de junio de 2009

CARIÑITO


Los colombianos dicen que es de ellos y no faltará el chileno que crea que es nuestra. Pachuco, en su versión ochentera, saluda a La Tirana, a Pica, al norte de Chile, a su pampa, y la orquesta suena carnavalera neta. Pero como con muchos otros éxitos sentidos como propios por mapochinos y paisanos, es en Perú donde hay que buscar su origen, en ese gran movimiento cumbiero que generaron en los setenta y en los ochenta llamado chicha y que tantos hits le ha dado a América.

Debe ser uno de los riffs (de bajo-guitarra originalmente) más famosos de toda la cumbia y también una de las letras más reconocidas. Su maestría está, pareciera, en la absoluta simpleza de su emotividad, en lo carne de canto en coro de su estribillo y en lo energizante que resulta el retorno al mentado riff después del "nunca / pero nunca / me abandones cariñito". Las versiones chilenas juegan muy claramente con ese efecto dramático del retorno al riff. En lo personal, creo que el éxito de esta cumbia es su relación inestable, de flirteo y negación, con los ritmos andinos y como ese eco carnavalero le brinda una carga emotiva difícil de describir si solo se le observa en cuanto cumbia, incluso en cuanto chicha.

La versión original es de Los Hijos del Sol, agrupación fundada por Ángel Aníbal Rosado en 1979. Rosado fue un importante compositor de huaynos y cumbias a partir de los sesenta, por lo tanto no le eran nada desconocidas las formas íntimas de componer canciones de aire serrano. Pero las canciones chicha, y también las cumbias andinas peruanas, tienen ese juego de modernización, de urbanización, que revela de manera desigual y conflictiva el origen cholo de muchas de sus inspiraciones, y "Cariñito", en su versión primera, más intenta esconder que ostentar. Ángel Aníbal pone en los riffs al mejor guitarrista de la historia de la chicha, José Luis Carvallo - quien después grabaría esas increíbles guitarras para Chacalón y La Nueva Crema- y la hace sonar profundamente setentera, con un sonido limpio, nítido, sin ninguna parafernalia, en la misma senda que ya había señalado con claridad Enrique Delgado desde Los Destellos. ¡¡Acaso pueda llamársele chicha a una cumbia así, tan alejada de las estéticas más sincréticas de los Shapis, de Vico y del mismo Chacalón...!! Acá el ritmo más lento, la pulcritud sobria de los instrumentos, todo está pensado para una clase media limeña que mira esta música de reojo, pero que entiende que en Delgados y Rosados puede confiar sin riesgo a ser prejuiciado socialmente. Es, desde esta perspectiva, una cumbia blanqueada. Pero ahí está lo serrano, presente y ausente, en algún eco de esa guitarra y de ese bajo imperecedero.

La versión colombiana internacionaliza aún más el sonido y la estética, sobre todo con el uso del saxofón que complejiza la chichera mezcla de guitarra-bajo. La voz de Rofoldo Aicardi, acá junto a Los Hispanos, es también más blanca y típicamente cumbiera. Podría apostar que "Cariñito" llega a Chile por la grabación de Discos Fuentes y que Pachuco, o incluso capaz el gran Macha, no escucharon nunca la versión de Rosado, tal como sin dudas debe de haber ocurrido con tantas otras cumbias peruanas famosas acá en Chile, mediadas por versiones colombianas ochenteras, muchas de ella de Rodolfo, como "La Colegiala", "Ojitos Hechiceros", "Traicionera" y un largo largo etcétera.

La versión de Rodolfo, en la línea de un ritmo más lento del que le asociamos en Chile, es puro sonora, aunque el flirteo no le alcanza para que pase por una cumbia de La Sonora Dinamita. Es, me parece, un intento algo fallido de neutralizarla en su adn serrano. Escúchese, por ejemplo, cómo atacan las voces el estribillo, en la más fina tradición corralera... pero siempre se debe llegar una vez más al momento del riff, y ahí la posibilidad de pasar por canción barranquillera es poca o casi nula.

A mediados de los ochenta, Pachuco y la Cubanacán sacan el clásico disco "El Africano". El décimo track del largaduración es una locura: "Cariñito" ¡¡al fin sonando como la diablada que le han negado ser!! ¿Cómo habrá sonado para el imaginario ochentero, en plena dictadura militar, esta mezcla de carnaval y cumbia tradicional que proponía la Cubanacán? Debe de haber llegado al corazón de los oídos nacionales y puesto con un alfiler junto al "Mambo de Machaguay" y a "Mañana me voy pal Norte" y a la "Reina del Tamarugal" y a todas esas canciones que al menos acá en el centro no s recrean una y otra vez el mito de La Tirana, de lo andino, allá lejos por el norte, de lo altiplánico. Esta versión tenía que ser un hit y jamás podría haberse librado de convertirse en el emotivo combo que representa.

Acá los metales aparecen ya sin ninguna vergüenza y Pachuco la trata como verdadera cumbia andina, es decir, como si fuera un huayno acumbiado. El inicio es potente y de seguro se quiso replicar el efecto Mambo de Machaguay, tan usado por los mismos Jaivas en otras canciones, por Sol y Lluvia, por Chico Trujillo últimamente. Se potencia, además, el efecto energizante del retorno al riff, ya mencionado más arriba, y que aporta tanto al momento de estar bailándola.

La versión dosmilera de Chico Trujillo extremiza aún más todas las características que ya están presentes en la versión de Pachuco. Ya han pasado dos décadas (la grabación es del 2003, en vivo), el Macha y compañía están en Berlín, y después de unos noventa más bien oscuros para la cumbia chilena - con ese destello fulminante de luz enrarecida que fue el sound-, Santiago comienza a inundarse nuevamente de cumbia, de una cumbia de barrio universitario, de mambo nuevo y de mezcla híbrida desvergonzada y sincera, post pretensionalidades alvarohenriquiztas.

Acá nuevamente se recrea una supuesta línea directa entre "Cariñito" y alguna diablada iquiqueña. ¡¡Qué curioso, insisto, que este sea el mismo camino de recreación de lo nortino que siguieron Los Jaivas para instalar, imperecedero, al "Mambo de Machaguay", huayno piolísima en su origen, en el imaginario sonoro chileno!! Y acá estamos más cerca del "Mambo" que los Hijos del Sol... el ritmo está desaforado, los metales lo gobiernan todo, la voz del Macha se destempla como solo él sabe hacerlo, el público salta como solo en el Galpón Víctor Jara sucede... la audición así, en vivo, de esta versión es una experiencia arrolladora, especialmente pensado que eso puede suceder en medio de la tranquila noche santiaguina. Escúchese - ojalá vívase- el retorno al riff famoso después de que la orquesta se ha silenciado para que el público coree el estribillo... ¡¡Ahí está todo el mito de el norte actualizado y excelentemente exagerado!! Ángel Aníbal debe estar reclamando, desde su tumba, por la bulla estridente en el barrio. El camino de ocultamiento que intentó originalmente Rosado acá está revertido y llevado al paroxismo.

El símil limeño de Chico Trujillo es Bareto - por origen musical y por público específico que atraen-, aunque, que quede claro desde ya, la maestra presencia del Macha sobre el escenario no se replica para nada de igual manera por los limeños. Pero son fenómenos y procesos paralelos y similares en varios aspectos, aunque mucho más abc1 los Bareto ("los blanquiñosos pitucos de la cumbia, con un corazón más cholo que el mío" dice en tono de sincero y completo piropo magaly, la polémica animadora del programa Magaly TV), incluso pensando que Chico Trujillo ha seguido quizás un camino hacia donde mismo. Sin insistir en la superior calidad de los floripondios, sobresale de inmediato que la nueva versión peruana incluye igualmente metales, aunque más en la línea de Rodolfo que de Pachuco. Pero la voz no es cumbiera, el estilo no es cumbiero (¡¡menos chichero!!) y resulta más un ejercicio caprichoso, algo oportunista, que una lectura que aporte nuevos aires a la ya clásica canción.

Más intersante resulta la lectura rockera de La Sarita, porque los mismos códigos de neutralidad, de velo, acá se actualizan en una dirección inusitada - escúchese la voz infantil citando al "Cóndor Pasa" como macabra intertextualidad. Los seguidores de esta agrupación hablan de rock fusión, aunque me cuesta ver lo fusionado de esta versión, más allá de su adn innegable. Pero se reafirma, entonces, que "Cariñito" es de las cumbias más importantes del movimiento limeño setentero, a pesar de la extrema simpleza que snobistas internautas le achacan, porque de lo contrario no se entiende la fuerza interior que tiene para recrearse una y otra y otra vez, aguantando tanto choque estilístico y estético, aunque siempre con esa emotividad a flor de piel, tan sincera, tan diáfana, que la caracteriza. Un verdadero clásico.




16 de abril de 2009

VOLANDO


Volando

¿Qué armonía tiene la mente al estar volando? The Beatles y Juaneco y Su Combo oyen la musica del viaje celestial en do, en fa y en sol. En ascensos y descensos continuos. En tonalidad mayor, brillante, calma y contemplativa.

El volar beatle es un movimiento funky de sobrevuelo y de exploración. La permanencia e insistencia del acorde do inicial hipnotiza y el viaje se vuelve estable, lineal. Y curiosamente breve. Pareciera que recién uno está aquietando la mente del mareo del despegue (segunda repetición de la secuencia)cuando viene ese descenso brusco motivado por la violencia del aire (flauta pasada por el melotrón y su inquietante melodía).

La versión final del disco y de la película (http://www.youtube.com/watch?v=lqs83A_wN-Y&feature=related) deja así, vilo, con ese final de vuelo brusco y ciertamente angustioso. La secuencia musical del melotrón originalmente era más larga, como puede escucharse en versiones pegoteadas de youtube (http://www.youtube.com/watch?v=6jFD_FVHYeU&feature=related), y más bien creaban una fase dos del vuelo, o muy alto en la estratósfera, o rasante sobre misteriosas tierras mentales. Sea como sea, el contraste musical marca un contraste sensorial evidente. ¡No todos los vuelos terminan tan luminosos como comienzan!

El vuelo juanequero es luminoso siempre. Y en constante ascenso, aunque juegue al principio con cierto descenso y con cierto planeo en la persistencia de fa. Pero luego todo es estratósfera, vuelo alegre y activo. El bajo marca el ritmo eufórico del viaje; los acordes, el luminoso; la guitarra, el plan de vuelo. En la versión menos cruda y de esquisitez tímbrica de Afrosound se integra un beatleero teclado que funciona como motor de propulsión. Con él, el vuelo es sonoramente perfecto y la mente se engolosina con la conjunción dialógica de timbres y células melódicas.
Acá no hay un final abrupto y angustioso del vuelo. Simplemente se va acabando, lentamente, desapareciendo el efecto y la sensación de la altura, no así la alegría de haber volado.

En funk o en cumbia, volar siempre es una experiencia deliciosa.

5 de enero de 2009

SIRENITA ENAMORADA


Sirenita Enamorada - Juaneco Y Su Combo


Comenzaremos el año con una exquisitez selvática, con una cumbia de ensueño, con una belleza absoluta dentro de nuestra panamericana musical.

Sirenita enamorada es una cumbia maravillosa. Maravillosa en la acepción primera del término. Es una cumbia encantada, hechizada, embriagadora. Fue grabada por Juaneco y Su Combo en su primer larga duración, "El gran cacique", por allá por 1970. Y no podía ser de otra época: la estética hippie, la guitarra santanera, el órgano hammond, el bajo psicodélico... todo demuestra con orgullo su fecha de nacimiento, el mundo musical del cual esta cumbia es hija.

Ella entera está hecha para hipnotizar: la secuencia de acordes, el bajo que hace la melodía del estribillo, la voz de Wilindoro Cacique, los silencios en los 00:06, 00:24, 01:02 (qué propio cómo canta "plateado" en ese momento)... y el momento mágico de la canción, cuando la sirenita nos entrega su melodía caladora a partir de 01:18: el solo de guitarra más mágico que nos haya dado la cumbia, sea de donde sea. No hay otro solo instrumental que se le parezca.

Ahí escuchamos el cúmulo de búsquedas estéticas de la cumbia selvática setentera: ritmo de cumbia y sonoridades psicodélicas, todo filtrado por un aire amazónico que no se sabe bien en qué se encuentra, en qué aspecto en realidad se particulariza.

Y entonces, en 02:28, vuelve a repetirse el momento mágico, pero ahora es definitivo: la voz humana, el ritmo de cumbia y el canto de la sirenita enamorada se encuentran y se funden en una única sonoridad. Ay sirenita de mi vida, ay sirenita de mi amor. Ay sirenita de mi vida, ay sirenita de mi amor. En ese momento se conjuga todo y la cumbia, el ritmo, se ha convertido en algo inusual: en un calmado éxtasis contemplativo.

Por creaciones como esta, la cumbia, al pasar por Perú, no volvió a ser jamás la mera expresión folclórica y/o folclorizante que era hasta entonces, y se disparó hacia la exploración musical constante y regenadora. Así, la cumbia se hizo un género (o supragénero...) imperecedoro. Con Sirenita enamorada, y con Juaneco y Su Combo junto a los otros grupos peruanos de la época, sobre todo Los Destellos, se alcanzó, de hecho, una cima musical que, puedo asegurarlo, no se ha vuelto a repetir en la historia de este ritmo y que solo tiene un símil musical amamantado por la misma leche: el trabajo de Los Jaivas con el huayno, el rock y la cueca. Síntesis. Barroquismo. América.

11 de diciembre de 2008

PACHUCO BAILARÍN


Pachuco Bailarín marca el paso no es un tema de Pachuco, como todo buen chileno cumbiero podría pensar. Al igual que casi toda nuestra movida tropical, nada es nuestro en su origen (bueno, el mismo Pachuco no lo era), pero sí todo está modificado y en cierto modo folclorizado. Por eso es nuestra cumbia ( y hablamos de "cumbia" aunque se nos diga que ahí metemos en el mismo saco cumbiones, merengues, salsas, paseos, etc., etc., etc.).

Pachuco Bailarín proviene del Mambo Pachuco, del gran Dámaso Pérez Prado. De quién otro. La versión es, sin duda, una grabación llena de gracia, de viveza, de pachuquería. Porque claro, Pérez Prado está pensando en el pachuco, en este emigrante mexicano que se va a California en los años 20 y 30 y que establece todo un sistema de vida, de moda, de baile, de vestimenta que ya se lo quisieran los más acérrimos fans del falso kitsh actual. Pérez Prado está pensando, entonces, en vecindades con pachuqueros bailando al son del ritmo latino y que comenzaban a tomarse las calles de Los Ángeles y del sur de EE.UU.

Los pachucos son bakanes de verdad. Inventaron la ropa de La Máscara, fueron posmo antes que los dernos, de un día pa otro amanecieron hablando spanglish chicano e impusieron una manera de bailar, de enfiestarse, de vivir la vida, siempre a medio camino entre lo carretero, lo ilegal y lo latino. ¡Pachuquear es neto!

http://es.wikipedia.org/wiki/Pachuco

Versiones del mambo hay por montones, casi todas mexicanas. El pachuco se va a Estados Unidos, es discriminado allá y acá, pero vuelve con la mejor de las venganzas: impone su baile, su música, su alegría y su estética. ¡Que alguien se atreva a acusarla de kitsh! Entonces las bandas del pacífico versionan y versionan su música, y los rockeros pachuquean su ska y su punk. Y todos tratan de reinventar un poco el espíritu pachuco original. Pero ya es solo remedo. Ya es tarde para un sincero reconocimiento... huele a tardía jugada derna.

En Chile, la canción puede funcionar sin nada de ese transfondo cultural, porque simplemente nosotros tuvimos nuestro Pachuco. A la chilena. Roberto Fonseca.

http://www.musicapopular.cl/2.0/index2.php?op=Artista&id=1269

Nadie cómo él en la música tropical chilena. No hay banda que proyecte tanta energía con sus metales como La Cubanacán. No hay reinvenciones más animadas que las que la agrupación lograba de Lupita o El Africano (con su conocido eco popular antipinochetista, muy a pesar de Fonseca)

http://logotoma.blogspot.com/2008/01/fontica-en-tiempos-de-clera.html

Pachuco idolatra a Pérez Prado. Lo transpira en cada uno de los arreglos instrumentales de sus mambos acumbiados ( o achilenados, se podría decir), mambos que, sin embargo, no copia simplemente. El amor a Dámaso lleva a nuestro Pachuco a variar, incluso experimentar, con la música del maestro cubano, tal como se puede oir en su versión de Pachuco bailarín o en la de Lupita. La versión de Pachuco Bailarín chilena es más energética, tosca y curiosamente militarizada. Insistimos: son los tiempos de la dictadura militar y ya sabemos que lamentablemente el señor Fonseca sentía cierta admiración por el siniestro dictador. Sin proponérselo, quiero creer, participaba además en una suerte de evasión popular y de blanqueamiento de ciertos símbolos represivos, como ocurre con la marcha militar en esta canción. Los metales están perfectos, el ritmo es endemoniado. Todo va bien hasta que suenan esos sones militares. La gracia y viveza del pachuco originario se pierde; pero, no cabe duda, estamos ante una cumbia achilenada. Folclorizada. Militarizada.




mambo pachuco

16 de noviembre de 2008

ENDE QUE TE VI

Ende Que Te Vi - Carmen Ruiz Y Fiesta Linda

Un día de mañanita salí a recorrer la hacienda,
y me encontré con mi prienda que se encontraba solita.
Le dije al punto: "M' hijita, ¡no sabe cuánto la quiero!
Yo soy un huaso sincero que su amor le solicita,
y espero que usted permita que sea su amor primero."

Ende que te vi, que te quiero,
ende que te vi, que te adoro,
quien te quiere a ti, mi lucero,
quien te quiere a ti, mi tesoro.
¡Corre que te tengo que querer,
corre que te tengo que adorar,
corre que te tengo que querer
aunque tu mama no me pueda ver!

No tengo mucho dinero para empezar el ranchito,
pero le juro y repito que soy un huaso sincero.
Ensillo mi manco overo y salgo a buscar fortuna,
y antes que me cuenten una me recorro el mundo entero;
por eso tan sólo espero el sí de su boca'e luna.

El mundo de las versiones es ancho y ajeno. Luis Bahamondes compuso a principio de los años 50 una festiva tonada de tono romántico y ciertamente pintorecista. Ahí está pintado desde el filtro santiaguino el ingenio y la gracia del huaso ladino, siempre intrépido en el amor, humilde, aventurero.

La versión que consideraremos primera es la de Carmencita Ruiz y el Conjunto Fiesta Linda, la agrupación que las rompía en las radios chilenas de mediados de siglo. Ahi está el acordeón y el arpa, siempre en diálogo, y ahí está la voz grave, gruesa, firme de Carmencita Ruiz, perfecta para el travestismo interpretacional. La manera de abordar la canción es simple, pues confía en el caudal de su voz como recurso hegemónico. De seguro, la versión debe haber sido un hitazo. Alegre, exótica, es claramente una canción que representa fielmente el estilo huaso "desde la capital" tan de moda por esos años y que, por lo mismo, ha envejecido mal. Para nuestros oídos, la falaz estética y la pudorosa ética nos resulta ya muy distante.

Quizás por lo mismo las versiones rastreables de esta canción son tan distanciadas en su estética. La de Los Cinco Latinos es sesentera neta, llena de esa alegría sincera y simple de las Nuevas Olas americanas. Los juegos de voces, infaltables, y la voz inconfundible de Estela Rabal como sello interpretativo. Rescatan el lado festivo de la tonada chilena, pero dan un paso a la masificación auditiva sesentera, tan radicalmente distinta a la de solo una década atrás.

Ende Que Te Vi - Los Cinco Latinos

¿Cómo llegó "Ende Que Te Vi" a ser conocida en Paraguay? Quizás fue vía Los Cinco Latinos (aunque no creo que haya sido un single). Quizás fue derechamente la versión de Carmencita Ruiz, en algún intento del mercado chileno de internacionalizarse, en los años que se internacionalizaba Cuba, Perú, Colombia, México y Argentinca con sus ritmos populares y Chile no tenía nada que ofrecer de vuelta. La cosa es que nos encontramos con esta versión de Los Galanes del Norte, que llegó a mis manos por misteriosas vías. Es una versión genial desde muchos puntos de vista. De partida, que sea una cumbia el ritmo seleccionado trastoca tanto el original como Los Cinco Latinos, pero uno comprueba que la alegría y la chispa están en el ADN de la canción. Los metales, por su parte, entroncan con una tradición cumbiera de larga data en América, aunque claro, desconozco completamente cómo se da esa tradición en Paraguay y con qué elementos locales dialoga. Me tiento a oir cierto aire "nortino" en dichos metales, pero me parece que es mi oído el que se entusiasma con mucha facilidad. Finalmente, la voz del cantante, con esa extraña pronunciación de las erres (por influjo del guaraní??) y ese timbre que proyecta la voz de alguien humilde, vital, de tal forma que la letra me parece más idónea cantada por alguien como él que por las otras voces comentadas.

Desde Que Te Ví - Los Galanes del Norte

Curioso caso el de Ende que te vi, cumbializada en las tierras del Chaco. ¿Será porque Luis Bahamondes, más allá de la idealización del campo chileno que está detrás, captó algún tipo de sentimiento valentonado de base más americana? Probablemente es esa alegría ingenua que proyecta la melodía la que la convirtió en una atípica carne de versiones internacionales.