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4 de julio de 2009

POLCA A LA CHILENA

No sé por qué soy un convencido de que la polka y el chapecao un día volverán en gloria y majestad a la escena musical chilena. La polka a las fiestas y el chapecao al rock. No tengo ninguna prueba que me permita vaticinarlo, pero lo huelo, lo percibo... o quizás lo necesito.
Un carrete, un viejo carrete, con polka debe haber sido increíblemente alegre y agotador. Y no lo digo pensando en esas maketeadas fiestas que el cine nos recrea de una Europa chispeante en pleno siglo xix, con todos los comensales deslizándose con una simetría abrumadora por la pista de baile. En Chile, y supongo que en América, al menos en la América no siútica, de seguro la polca jamás se bailó con el brillo vienés. Pero se bailó con la gracia mestiza... y mucho. Con los ojos más cerquita, con los cuerpos más pegados... ¡¡Mucho!!

Los que hemos estado en un gran baile con corridos toda la noche ya lo sabemos, ya lo hemos vivido: en el corrido corre sangre polkera de la mejor estirpe. Diría que esa es la manifestación más constante de polka en Chile actualmente... claro, en el adn de otro ritmo. Evidentemente el ritmo de polca así solito en el Chile actual se perdió, no está vigente, excepto, claro está, por intentos específicos y completamente situados ("Un zapatero celoso" en La Negra Ester) o por algún ejercicio de recopilación (como el precioso trabajo de René Inostroza) o de arqueología musical (como los de los grupo de proyección folclórica, con sus ropas de lejana fantasía... http://www.youtube.com/watch?v=9ah-RHL3aoI&feature=related ).

En el resto de América, la polka está aparentemente más viva: la polka paraguaya y su devenir en el popular y bailadísimo chamamé transnacional; la polka criolla argentina, con difusión hasta la patagonia chilena; la polka mex-tex, llena de intérpretes y cultores en ambos lados de la frontera y en las tres lenguas, español, inglés y spanglish pachuco, aunque ha ido perdiendo terreno frente al corrido y el huapango; las polkas mexicanas y centroamericanas, también algo venidas a ser carne de representaciones folclóricas (¡¡algunas con muchísima gracia!! http://www.youtube.com/watch?v=uf0kP2FdqEw&feature=related)

Pero en Chile parece muerta y solo queda percibir a lo lejos el poder festivo y gregario que debe de haber tenido en su momento en muchas de nuestras fiestas. Los trabajos de recopilación se encargan de proyectarnos esa sensación ("En una jaula de oro" http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras?portal=265&Ref=4098&audio=7). Y volverá, no lo dudo, no por melancolismos trasnochados de música folclórica, sino porque representaba un espacio de chispeante humor e incluso sarcasmo que, creo, hoy por hoy no tiene un espacio tan específico. Desde las polcas recopiladas por Violeta Parra, la ironía fue la compañera ideal del baile polkero, y así fue entendido en la versión de Hilda Parra de "Yo también quiero casarme", canción burlesca por donde se le mire. Qué decir del inmortal "Pichingue", llena de un humor más campesino, o de la polca más famosa por estos lados, "Un zapatero celoso", el hit más pornográfico de la música chilena. En aquella escena de La Negra Ester se condensa todo el poder subterráneo de la polca, provocador, irreverente, bohemio. Ahí está la gracia, la malicia, la desfachatez de la polca chilena. Por eso la añoro. Por eso sé que volverá.

11 de diciembre de 2008

PACHUCO BAILARÍN


Pachuco Bailarín marca el paso no es un tema de Pachuco, como todo buen chileno cumbiero podría pensar. Al igual que casi toda nuestra movida tropical, nada es nuestro en su origen (bueno, el mismo Pachuco no lo era), pero sí todo está modificado y en cierto modo folclorizado. Por eso es nuestra cumbia ( y hablamos de "cumbia" aunque se nos diga que ahí metemos en el mismo saco cumbiones, merengues, salsas, paseos, etc., etc., etc.).

Pachuco Bailarín proviene del Mambo Pachuco, del gran Dámaso Pérez Prado. De quién otro. La versión es, sin duda, una grabación llena de gracia, de viveza, de pachuquería. Porque claro, Pérez Prado está pensando en el pachuco, en este emigrante mexicano que se va a California en los años 20 y 30 y que establece todo un sistema de vida, de moda, de baile, de vestimenta que ya se lo quisieran los más acérrimos fans del falso kitsh actual. Pérez Prado está pensando, entonces, en vecindades con pachuqueros bailando al son del ritmo latino y que comenzaban a tomarse las calles de Los Ángeles y del sur de EE.UU.

Los pachucos son bakanes de verdad. Inventaron la ropa de La Máscara, fueron posmo antes que los dernos, de un día pa otro amanecieron hablando spanglish chicano e impusieron una manera de bailar, de enfiestarse, de vivir la vida, siempre a medio camino entre lo carretero, lo ilegal y lo latino. ¡Pachuquear es neto!

http://es.wikipedia.org/wiki/Pachuco

Versiones del mambo hay por montones, casi todas mexicanas. El pachuco se va a Estados Unidos, es discriminado allá y acá, pero vuelve con la mejor de las venganzas: impone su baile, su música, su alegría y su estética. ¡Que alguien se atreva a acusarla de kitsh! Entonces las bandas del pacífico versionan y versionan su música, y los rockeros pachuquean su ska y su punk. Y todos tratan de reinventar un poco el espíritu pachuco original. Pero ya es solo remedo. Ya es tarde para un sincero reconocimiento... huele a tardía jugada derna.

En Chile, la canción puede funcionar sin nada de ese transfondo cultural, porque simplemente nosotros tuvimos nuestro Pachuco. A la chilena. Roberto Fonseca.

http://www.musicapopular.cl/2.0/index2.php?op=Artista&id=1269

Nadie cómo él en la música tropical chilena. No hay banda que proyecte tanta energía con sus metales como La Cubanacán. No hay reinvenciones más animadas que las que la agrupación lograba de Lupita o El Africano (con su conocido eco popular antipinochetista, muy a pesar de Fonseca)

http://logotoma.blogspot.com/2008/01/fontica-en-tiempos-de-clera.html

Pachuco idolatra a Pérez Prado. Lo transpira en cada uno de los arreglos instrumentales de sus mambos acumbiados ( o achilenados, se podría decir), mambos que, sin embargo, no copia simplemente. El amor a Dámaso lleva a nuestro Pachuco a variar, incluso experimentar, con la música del maestro cubano, tal como se puede oir en su versión de Pachuco bailarín o en la de Lupita. La versión de Pachuco Bailarín chilena es más energética, tosca y curiosamente militarizada. Insistimos: son los tiempos de la dictadura militar y ya sabemos que lamentablemente el señor Fonseca sentía cierta admiración por el siniestro dictador. Sin proponérselo, quiero creer, participaba además en una suerte de evasión popular y de blanqueamiento de ciertos símbolos represivos, como ocurre con la marcha militar en esta canción. Los metales están perfectos, el ritmo es endemoniado. Todo va bien hasta que suenan esos sones militares. La gracia y viveza del pachuco originario se pierde; pero, no cabe duda, estamos ante una cumbia achilenada. Folclorizada. Militarizada.




mambo pachuco